Peluda

He adoptado a un humano ¿ Y ahora qué?

Me llamo Peluda y tengo 12 años. He decidido escribir este artículo para ayudar a todos los perros cachorros que han decidido poner a un humano en su vida. Por mi edad, tengo un poco de experiencia ya con el trato con ellos y me gustaría contaros mis vivencias.
No tengo muchos recuerdos de cuando era un cachorro y como me abandonaron, no tengo a nadie que relate mis primeras vivencias. Así que empezaré cuando llegué a la protectora.
Vagaba por una carretera acompañada de otra amiga perruna, cuando una gente decidió que aquello no estaba bien. Me llevaron a un recinto con muchos más perros, me metieron en un box con otra compañera perruna y me informaron que tendría que quedarme allí por el momento, a ver si mi antiguo dueño me venia a buscar. No fue así, así que como no pensaba quedarme en ese sitio, decidí adoptar a una humana. Había una voluntaria bastante maja y que tenía potencial , así que la estuve observando unos días hasta que decidí irme con ella.
Yo tenía cuatro años y sabía que había empezado la buena vida. Al principio no fue fácil. Esta humana vivía con otra gente, algunos de ellos, debían mejorar modales. También había otro perro por allí al que no pensaba dejar que me quitara mi espacio ahora que había conseguido una cama caliente y comida. Pero la humana se empeñaba en que fuéramos todos una familia feliz. Yo no quería una familia feliz, quería estar sola con ella. No nos entendíamos, yo intentaba explicarle que no quería perros cerca, que ya había compartido celda en su momento y ahora quería una habitación para mi sola. Nada, que no había manera, ignoraba todo lo que le decía y solo me dejaba la opción de chillarle para que me entendiera. Y encima, después de todos mis esfuerzos por explicarle lo que me pasaba, de que me obligase a chillarle, con lo poco que a mi me gusta alzar la voz…encima se enfadaba ella y estaba días sin hablarme. Esa situación no me gustaba nada, así que aprendí lenguaje humano. Me esforcé para entender lo que quería decirme y cuando por fin lo logré, vi que eso le hacia feliz. Poco a poco fui ampliando vocabulario humano. Lo gracioso, es que ella no aprendía lenguaje perruno, así que la comunicación poco fluía. Yo hacia todo lo que me pedía, pero ella no entendía nada de lo que yo sentía. Dejé de marcar dominios, de ir a dar vueltas yo sola para explorar mundo, empecé a tolerar que otros seres vivos deambulasen por mi habitación. En fin, lo que haría un perro para ver feliz a su humano. Ya que lo había adoptado, debía hacerla feliz. Aunque me seguía sintiendo triste porque ella no me entendía a mi. Pero poco a poco todo cambió. Ella hizo un esfuerzo y empezó a entender el vocabulario perruno. Ahora podía decirle suavemente que me molestaba algo sin tener que chillarle y ella se ocupaba de hacerme sentir bien. Por fin poco a poco, todo fue fluyendo. Descubrí que si dejaba que me acompañara en mis excursiones por el mundo, era todo mucho más divertido. Jugábamos juntas, me daba premios y parecía que el mundo dejase de existir y solo estuviéramos las dos. Poco a poco , fui mejorando mi vínculo con ella.
Los años pasaron y nuestra relación fue a mejor. Nos entendíamos muy bien, aunque los perros siempre entendemos mejor a los humanos que ellos a nosotros, simplemente, porque no se entienden ni a ellos mismos.
Yo tenía ya 10 años y estaba en mi jubilación, gozando de mis años dorados cuando mi humana decidió sacarse el título de interprete canino. Yo pensé, mira que bien, así ayudará a otros humanos con sus perros, así que una vez más, tuve que hacer lo que haría cualquier perro por su humano. Hacerla feliz.
Cada fin de semana, acompañaba a mi humana al colegio, a sacarse el curso de interpretación. Y claro estaba, me necesitaba a mi para demostrar a sus profesores que sabia traducir bien. La cosa empezó bien, premios por arriba y premios por abajo, luego ya empezó la exigencia. Mi humana me pedía cosas que yo no quería hacer. Me hacía andar pegada a ella, cosa que no soporto. Yo no lo entendía, si eso ya era agua pasada, las dos sabíamos que yo me sentía cómoda a un metro de ella, más pegada no, que me quitaba mi espacio y me incomodaba mucho. Pero nada, sus profesores le obligaban a que estuviera en contacto con su pierna, así que hice un esfuerzo y lo hice. Me pegué a su pierna para hacerla feliz. Por donde no pasé, fue con el aport dichoso….que asco coger algo del suelo solo por capricho de ellos. Que lo recojan ellos que lo han tirado! Una pelota, por supuesto que voy detrás de ella, pero una bamba? No perdona, ya ha pasado mi edad de hacer la pelota al humano.
Menos mal que mi humana entendió que eso para mi era muy complicado y aceptó que no hiciera esa prueba. El día del examen ella estaba muy nerviosa y yo no paraba de decirle que se tranquilizara, que total, las dos sabíamos lo que teníamos que hacer y lo hicimos. Ella estaba muy contenta por haber aprobado, me abrazaba y me decía que era la mejor compañera que tenía. Aunque sus profesores no estaban muy contentos, porque algunas pruebas no las hice del todo bien, según su criterio. No hice el junto pegado, no hice el aport y en una prueba que se llama “ quieto” se enfadaron porque cuando me chutaron una pelota por delante me levante del sitio. También se molestaron porque no fui corriendo como una loca cuando ella me llamó, fui al trote, pero que queréis, una tiene una edad para ir haciendo un spring. A mi sinceramente me dió igual la opinión del profesor, me gustó mi humana, que entendió hasta donde podía llegar y lo disfrutamos juntas.
Ahora ya tengo 12 años, mis habilidades se van deteriorando. Por la noche ahora confundo bolsas de plástico con gatos y me vuelvo loca, por suerte mi humana sigue esforzándose para mejorar mi jubilación. Ahora estamos haciendo un taller de olfato, para que me ayude a ganar confianza en mi misma. También ha realizado otros talleres de masajes, cachorros míos, eso es la gloria.
He tenido suerte con esta humana, hemos pasado momentos buenos, inicios complicados y etapas maravillosas.
Solo quiero deciros que hay que tener paciencia, ellos hacen lo que pueden, pero nadie nace sabiendo. Es complicado comunicarse con ellos y lo más fácil es que vosotros aprendáis su lenguaje, lo entenderéis mucho antes que ellos a vosotros y eso os ayudará a que ellos estén más relajados con vosotros.
Solo deciros que la vida con un humano puede ser fantástica, pero es un trabajo en equipo.
Así que ser felices con vuestro humano, que la vida es corta y hay que aprovecharla.
Os dejo…me espera mi preciado masaje…viva la vejez!

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